Vivir; deprisa

IMG_5935Se puede leer en un andén de Atocha: “Aprende inglés en una semana. Garantizado”. Tras esa frase hay dos premisas, cuanto menos cuestionables. La primera es garantizar, así, a la ligera. Porque, como diría tu abuela, garantizado no hay nada, excepto la muerte. Prometer en vano ya es de malos amigos. Empezamos mal.

Una semana consta de 168 horas. Un tercio la pasaremos durmiendo; otro tercio trabajando. El último tercio restante, aprendiendo inglés. El título bien podrían cambiarlo a “56 horas con Shakespeare y después recupere lo perdido con terapia”. La cosa no mejora.

Este año, la segunda película más taquillera a nivel mundial es The Fast and the Furious 8. Apple, acostumbrada a lanzar un nuevo teléfono cada año, ha lanzado dos. Samsung, cinco. Una nueva república se puede proclamar durante nueve segundos, los mismos que La La Land se sintió ganadora en los Oscar antes de saber que Moonlight le estaba prestando su estatuilla. Demasiados fotogramas por segundo.

Pero, volvamos al principio. ¿Está realmente claro el valor de una semana? ¿El de 56 horas? Vivimos deprisa y, sin embargo, cuatro Grammys latinos y 4.600 millones de reproducciones se empeñan en llevarnos la contraria. La canción del año sigue llamándose Despacito.

Pero no somos machistas

pagina30novNo soy machista. Seguro que tú tampoco. No lo es mi padre, ni mi abuelo, ni mi hermano. Tampoco lo son mis amigos, ni mis vecinos y compañeros de trabajo. El portero de casa abre a todos por igual y casi diría que el frutero del supermercado las trata a ellas con predilección frente a nosotros. Ninguno somos machistas, eso es cosa de otros o, tal vez, de los pequeños detalles que se filtran y se interiorizan como algo normal en el día a día. Ja.

Todas las mañanas leo la prensa, muchas veces porque quiero, unas pocas veces porque me toca leerla. Los periódicos tampoco son machistas y, si lo eran, han tenido que cambiar a marchas forzadas ante la presión social. Los artículos nuestros de cada día ponen el acento en una desigualdad difícil de justificar, en los bochornosos datos que arroja cada año la violencia de género, en las agresiones sexuales más rancias, en la enésima salida de tono televisiva y, en definitiva, en dar voz a todos por igual. Ja.

Porque haber machistas y machismos, haylos, pero ninguno lo somos; ninguno lo vemos más que en el bulto imposible de ignorar. Hace dos semanas un conocido diario publicaba un reportaje sobre los efectos desoladores de la violencia de género en lo que va de año. Dos semanas después, donde dije digo, digo… En el rincón más recóndito de la página 30 publica a modo de faldón lo que para algunos diarios sigue siendo un contenido mundano más. Definitivamente, algunos van de culo. Pero no somos machistas. La prensa tampoco lo es. Hasta la página 29 mantengamos las formas. A partir de la 30, se abre la veda. Ja.